EL HEBREO DE LA BIBLIA · ESTUDIOS
Nefilim, Noé y Babel: las palabras detrás del relato
De los hombres de renombre a una ciudad que quiso hacerse un nombre: un recorrido por el texto y sus intérpretes.

Los nefilim despiertan preguntas. Noé introduce el tema del favor divino. Babel nos lleva a una ciudad que quiso hacerse un nombre. En estos relatos de Génesis hay palabras hebreas que ayudan a distinguir lo que afirma el texto de lo que sus lectores han interpretado a lo largo de los siglos.
El recorrido comienza con tres expresiones diferentes y termina con dos consonantes que cambian de lugar y un nombre asociado con la confusión.
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Hijos de Dios, nefilim y poderosos
Génesis 6:2–4 menciona a los bene ha-Elohim, «hijos de Dios»; a los nefilim; y a los gibborim, «poderosos». Aunque aparecen en una misma escena, conviene conservar la diferencia entre esas expresiones antes de decidir cómo se relacionan.
La lectura celestial de «hijos de Dios» encuentra un paralelo en Job 1:6, que utiliza la expresión en una escena celestial. Otras lecturas toman un camino distinto. En una de sus explicaciones de Génesis 6:2, Rashi (comentario) entiende hijos de príncipes y gobernantes. El uso de Elohim para una figura de autoridad cuenta con ejemplos como Moisés ante el faraón en Éxodo 7:1.
Agustín propone otra interpretación en La ciudad de Dios, XV.23: los descendientes de Set y la línea de Caín. Son lecturas con autores y argumentos concretos. Ninguna debe presentarse automáticamente como la única posición de toda una tradición religiosa.

Qué añade el libro de Enoc
La tradición de los seres celestiales se desarrolla en 1 Enoc. Sus capítulos 6–8 describen el descenso de doscientos seres sobre el monte Hermón, las uniones con mujeres y la transmisión de prácticas que el relato presenta como corruptoras. Azazel aparece relacionado con la fabricación de armas.
Estos detalles pertenecen a 1 Enoc 6, 7 y 8. El número doscientos, el monte Hermón y Azazel no aparecen en Génesis 6:1–4. Comparar ambas obras exige mantener visible esa diferencia.
1 Enoc no forma parte del Tanaj judío. Su circulación antigua está documentada por fragmentos arameos de Qumrán. La Biblioteca del Congreso identifica el manuscrito 4Q201 como una copia de Enoc. Es evidencia de la transmisión de una obra; no demuestra arqueológicamente la existencia de los seres que esta describe.

¿Nefilim significa «ángeles caídos»?
Los intérpretes han relacionado נְפִלִים, nefilim, con la raíz נפל, asociada con «caer». Rashi, en su comentario a Génesis 6:4, desarrolla un juego interpretativo con caer y hacer caer al mundo.
De ahí no se obtiene automáticamente la traducción «ángeles caídos». La identidad de los personajes requiere una interpretación más amplia. Lo mismo ocurre cuando leemos Números 13:33: la afirmación de haber visto nefilim forma parte del informe de los espías. Es importante conservar quién está hablando.
Noé halló favor: dos consonantes en orden inverso
Génesis 6:8 afirma que Noé halló favor a los ojos de Dios. En hebreo, נֹחַ, Noaj, es el nombre Noé, y חֵן, jen, expresa favor o gracia según el contexto.
Las consonantes aparecen invertidas: nun y jet en Noaj; jet y nun en jen. La nun final cambia de forma gráfica, pero sigue siendo la misma letra. Es una observación útil para recordar el pasaje. No convierte las dos palabras en una misma raíz.
La expresión «hallar favor a los ojos de alguien» también se usa entre personas. En 1 Samuel 1:18, Ana se dirige así a Elí. El contexto indica ante quién se busca favor y cómo debe entenderse la expresión.

Descanso y consuelo: la conexión del nombre de Noé
El padre de Noé relaciona su nacimiento con el alivio del trabajo en Génesis 5:29. La forma yenajamenu expresa «él nos consolará» o, en ese contexto, nos traerá alivio.
El nombre Noaj suele relacionarse con nuaj, descansar. El verbo de consolar pertenece a la raíz nun, jet, mem: נחם. El relato vincula las palabras por sonido y sentido, aunque sus raíces sean diferentes. La mem pertenece a la raíz de consolar; no es una letra añadida libremente al nombre Noaj.
Rashi aborda esta diferencia y recoge una tradición sobre Noé y los instrumentos de labranza. Esa explicación debe atribuirse al comentarista, sin confundirla con un detalle expresado directamente en el versículo.
Babel: hacerse un nombre y acabar en la confusión
En Génesis 11:4, los constructores quieren hacerse un shem, un nombre. La misma palabra aparece en Génesis 6:4, al hablar de hombres de renombre. Esta repetición puede observarse directamente en los dos pasajes.
Génesis 11:9 relaciona Bavel, Babel, con balal, mezclar o confundir. El nombre que debía acompañar la fama de la ciudad queda ligado al desenlace de la confusión del lenguaje.
Conviene distinguir esta explicación narrativa de la interpretación tradicional del nombre babilónico en acadio como «puerta de los dioses». Son perspectivas lingüísticas diferentes. La asociación hebrea que desarrolla Génesis debe leerse dentro de su relato.
Otra observación consiste en invertir las consonantes de בָּבֶל, Bavel, para obtener לֵבָב, levav, «corazón», cambiando las vocales. El rabino Yitzjak Ginsburgh utiliza esa inversión en una enseñanza publicada por Gal Einai. Es una lectura simbólica posterior; no una etimología de Babel.
Leer con curiosidad y con fuentes
El hebreo permite formular preguntas más precisas: qué palabra aparece, quién habla, qué conexión propone el narrador y qué interpretación añade un comentarista. Así podemos estudiar los nefilim, el favor que halló Noé y Babel sin borrar las diferencias entre sus fuentes.
Para comenzar por las letras y reconocerlas por ti mismo, explora el minicurso gratuito y los recursos del Instituto de Hebreo Bíblico.